Juegos retro para PC LEGO® de los años 90 | LEGO Shop oficial

Una mirada nostálgica a los juegos retro para PC LEGO® de los años 90

Si los niños de hoy supieran… Ni se imaginan la suerte que tienen. Al menos en cuestión de videojuegos LEGO®.

Danos unos minutos y te explicaremos.

Imagina a un niño. Se llama Billy. El primer videojuego LEGO al que juega Billy es LEGO Marvel Super Heroes. Billy está sentado ahí, pasándosela como nunca en su corta vida, volando a toda velocidad por Manhattan como Iron Man o Hulk o Spider-Man, y pensando: “Apuesto a que los videojuegos LEGO siempre han sido así de fáciles de disfrutar, ¡ja, ja, ja, ja!”.

Noticia de última hora: Es un chico imaginario que acabamos de inventar.

Tú te sientas en un trono de bricks construido sobre NUESTRAS espaldas. De nosotros, los que nos pasamos miles de horas jugando los videojuegos LEGO originales, hace cientos de años, a finales de los años 90. Una época prehistórica, cuando la “experiencia de juego intuitiva” era un concepto tan extraterrestre como los spinners antiestrés o los concursos de cocina por televisión.

¿Y sabes qué, Billy? ¡Nos encantaban! Nos sacudían el cerebro como ni te imaginas tú, con todos tus gráficos y tus juegos que nunca se bloquean, ¿verdad que no?

Como una forma de celebrar el 25 aniversario de los juegos LEGO, únete a nuestro reencuentro con tres de los primeros videojuegos LEGO más míticos (y superados…).

LEGO Racers (1999)

Bueno, Billy. A lo mejor *piensas* que sabes perfectamente qué debe tener un juego de carreras para que sea superpadre: una dirección sensible, gráficos espectaculares, una física realista, etc.

Pero estás tan increíblemente equivocado que, la verdad, da un poco de pena ajena.

Porque el mejor juego de carreras de todos los tiempos no tenía precisamente nada de eso.

LEGO Racers te enfrentaba al “campeón de carreras más grande” de LEGOLAND, Rocket Racer, con tanto talento que se negaba a competir con cualquiera que no hubiera derrotado a seis personajes, entre ellos Basil the Bat Lord, Johnny Thunder y Gypsy Moth.

¿Tiene sentido? No es necesario que lo tenga, Billy. Estamos en el salvaje Oeste de los juegos para PC de 1999, MUESTRA UN POCO DE COMPRENSIÓN.

Como cabría esperar en un juego LEGO, todo era personalizable. Podías hacer que tu auto tuviera la forma que quisieras y decorarlo con accesorios LEGO. Aunque eso no es nuevo para ti, Billy, que te gastas un montón de billetes de tus papás en una pulsera con amuletos para colgarla de tu arma virtual. Pero, allá por aquellos tiempos, ni nos creíamos la suerte que teníamos.

¿Querías que tu personaje tuviera cabeza de robot? Bien. ¿Un sombrero de vaquero? No hay problema. ¿Una pata de palo? Sería de mala educación no ponérsela, la verdad. Hasta podías cambiar las expresiones faciales de tu personaje en su licencia de conducir (!).

Horas de diversión. No, en serio, literalmente: pasaban horas antes incluso de poder jugar el juego…

Las carreras en sí eran una mezcla de caos total, enloquecedora experiencia de juego y absoluta adicción, ingredientes típicos de los juegos LEGO de esa época. Los potenciadores eran lo más destacado. Los mejores te permitían entrar en un túnel del tiempo que te teletransportaba a la mitad del recorrido en la pista. Es una característica que nos gustaría ver aplicada en las carreras profesionales de la vida real. Tienen una tarea importante por hacer, científicos del mundo.

LEGO Island (1997)

¿Qué mejor lugar para empezar que el primer juego para PC LEGO?

La mayoría de los juegos para PC hasta 1997 eran esas extrañas “aventuras” gráficas que no te diste cuenta de que eran educativas hasta que te despertaste empapado en un sudor frío diez años más tarde, sintiéndote traicionado.

Pero LEGO Island… te transportaba a un mundo en 3D que experimentabas a través de los ojos de tu personaje y en el que te movías POR DONDE QUERÍAS (hay que admitir que solo dentro de los límites de una isla muy particular). Además, había CINCO personajes para jugar. ¡Un verdadero lujo!

Explorar todo te producía una increíble sensación, principalmente porque te encontrabas una y otra vez con los misteriosos nativos de la isla, cuya razón de ser, aparentemente, era interpretar unas escenas en clave de comedia sin más intención que divertirte y que solían acabar con todos ellos desarmándose por completo. El dolor debe haber sido insoportable…

La “historia” consistía en minijuegos alrededor de la isla, desde remolcar cosas hasta practicar esquí acuático, que oscilaban radicalmente entre lo caótico bueno y lo caótico maligno. Pero, sin duda, el punto culminante del juego se producía cuando te sorprendías descubriendo que había una trama real. El minijuego de reparto de pizzas te convertía en repartidor y tenías que ir a la cárcel a llevar una a un preso, Brickster, que… (*un momento, revisando notas…*) usaba el humo que desprendía la pizza para derretir la cerradura.

Y sí, Billy, disfrutábamos con el juego lo suficiente como para aceptar algo así, ciegamente.

A continuación, había una persecución en helicóptero y tenías que lanzar pizzas al malhechor para evitar que destruyera la isla. Sí, pizzas, exactamente lo mismo que lo ayudó a escaparse. Y aquí viene la mejor parte.

Si fracasabas, fracasabas en serio. Hay una secuencia *verdaderamente* aterradora e inductora de pesadillas en la que todos esos nativos que habías llegado a conocer y que adorabas… DABAN GRITOS DE DESESPERACIÓN al ver sus medios de vida reducidos a ruinas a su alrededor. El despiadado rufián gritaba por encima de los lamentos: “ES MÍO, TODO MÍO”.

10/10

LEGO LOCO (1998)

Introdujimos aquí este simulador de trenes más que nada por los gráficos absolutamente increíbles de la escena de presentación, en la que aparecía flotando una espeluznante y malvada mano humana (por supuesto) empeñada en obstaculizar a las minifiguras que trataban de impedir un accidente de tren.

¿Quién podría hacer algo así, Billy?

Tal vez, como era de esperarse, la experiencia de juego no estaba exactamente a la altura de su introducción. El objetivo declarado era construir ciudades, poblarlas y enviar postales por tren. Pasado un tiempo, sin embargo, creemos hablar en nombre de todos si decimos que lo que nos gustaba hacer era agarrar minifiguras cada vez más enojadas y dejarlas en lugares en los que no querían estar.

Así que, Billy, en respuesta a la pregunta anterior “¿Quién podría hacer algo así?”…

Ejem… Nosotros. Nosotros podríamos hacer tal cosa.

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