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Malvado corsario

“¡Y ahora es cuando caminas por el tablón!”

El Malvado corsario odia todo lo que tiene que ver con la bondad y la limpieza. No nació para cepillarse los dientes, peinarse y hacer la colada, así que, en cuanto tuvo la oportunidad, subió a bordo de un barco pirata y se unió a su tripulación. Ahora puede hacer todo lo que quiera: disparar cañones, atar nudos marineros, saborear la terrible cocina pirata e incluso llevar un parche en el ojo.

Nadie te obliga a estar limpio o tener las cosas ordenadas cuando eres un despreciable bucanero. El Malvado corsario está encantado de poder afeitarse con un sable y no tener que lavarse jamás. Y quizá sus ropas estén demasiado gastadas, tenga los dientes podridos y no le quede pelo que peinar… ¡pero esa es exactamente la vida pirata que él buscaba!