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Guardia real

“¡Lo siento, señor! ¡No me está permitido hablar!”

El impasible Guardia real se dedica en cuerpo y alma a su trabajo como protector del palacio y de la familia real. Llueva o haga sol, bajo el tórrido sol del verano o durante las gélidas noches invernales, siempre se lo puede encontrar firme en su puesto, manteniéndose plenamente alerta y mirando al frente con su sombrero alto y peludo y con su rifle ceremonial apoyado en el hombro.

Por mucho que intentes distraer al Guardia real, ni siquiera parpadeará. Puedes contarle chistes, ponerle disfraces estúpidos e incluso intentar hacerle cosquillas, pero no se moverá en absoluto. Tanto él como sus compañeros de guardia son centinelas leales y silenciosos, que jamás dirán una palabra (¡y esto será exactamente lo que sucederá si le haces preguntas!).