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Chico con disfraz de pingüino

“No puedo entrar adentro ahora, mamá. ¡Estoy en mitad de la Antártida!”

Al Chico con disfraz de pingüino le gusta pensar que es un auténtico pingüino. Dentro de su cómodo y acogedor disfraz de pingüino, camina chistoso por su patio nevado, imaginando que atraviesa el interminable paisaje helado del Polo Sur. Cuando lleva su disfraz, insiste en comer sólo pescado… o, al menos, cosas que parezcan pescado, como los emparedados especiales de mortadela que le preparan sus papás.

En ocasiones especiales, el Chico con disfraz de pingüino se pone los patines y visita la pista de hielo, donde imagina que está nadando bajo el mar y que los demás patinadores son animales marinos. Sabe que no hay osos polares en la Antártida, pero evita a cualquiera que lleve puesto un abrigo de lunares: ¡ningún pingüino inteligente se acercaría a un leopardo marino hambriento!