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Buscador de oro

“¡Fantástico! ¡Mío, mío, mío!”

El viejo Buscador de oro siempre está tratando de hacerse rico con algún plan disparatado. Cuando no está buscando oro en el desierto, está intentando encontrar petróleo con su pico, descubrir un tesoro escondido o desenterrar un platillo volante estrellado que pueda vender a un museo. Ninguno de sus planes sale bien, pero jamás se le agotan las ideas y siempre está dispuesto a volver a tierras salvajes para intentarlo de nuevo.

Algunos prefieren la comodidad de la ciudad, en la que pueden cobijarse bajo un techo, pero el Buscador de oro odia la idea. Dale un cielo lleno de estrellas, un fuego y una lata de guisantes, y estará tan feliz como un perro de las praderas. ¿Qué hará con todo ese dinero cuando encuentre su fortuna? Es fácil, amigo: conseguirá un sombrero nuevo, quizá por fin se cambie de camisa y comprará la lata de guisantes más grande de todo el Viejo Oeste. ¡Yi, ja!