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Hada

“Entonces, ¿qué era lo que querías? ¿Una moneda a cambio de tu carruaje, o convertir un diente en una calabaza?”

Decir que la bienintencionada Hada está un poco confundida sería sobrevalorarla. Pasa tanto tiempo volando de acá para allá (por no decir de arriba abajo, por encima y por debajo) que a veces las ideas se mezclan un poco en su cabeza. ¡Es tan despreocupada que incluso ha olvidado el tipo de hada que se supone que debería ser!

¿Era un hada madrina? ¿Un hada común? ¿O quizá una de esas hadas que revolotean por los prados haciendo surgir el rocío y florecer las flores? Intenta ser todas ellas, pero sigue sin saber bien qué es lo que debería hacer. Ha concedido deseos a ranas (querían moscas), dejado zapatos de cristal bajo almohadas (por suerte, eran muy resistentes) y transformado rocas en atractivos príncipes (que suelen pasar la mayor parte del tiempo sentados). Por suerte, gracias a las leyes de la magia, no importa lo confundida que esté: ¡con sólo agitar su varita mágica y aletear, consigue que todo acabe bien!