Hambriento de Águilas

Era la noche antes de Navidad y todo estaba tranquilo en la casa del águila. Todo, menos Eris. Caminaba por el poderoso suelo, preguntándose quién podría llamar a la puerta. “¿Quién es?”, preguntó. Nadie contestó. No era lo más prudente, pero se dispuso a descubrir al visitante. Fuera, ante una caída de cien metros, encontró una canasta de la que parecía proceder una llamada.

Lo que quiero para Navidad…

Eris, alma de fénix y pájaro valiente, se agachó sobre la cesta para ver qué había en su interior. Vestido como un bebé, con una cuchara en la boca, estaba el buitre al que todos conocían como Voom Voom. Eris sonrió. ¡Se veía simpático y gracioso! Sin embargo, no tardó en tomar su bláster y amenazarlo con disparar. Brazos, manos y alas se agitaban sin cesar. Eris pensó entonces en su cama y deseó volver a estar en ella.

Pájaro contra pájaro

Antes de darse cuenta, Eris estaba atada y sin poder pronunciar una sola palabra. Entonces entraron los buitres, que capturaron la Ciudad del Águila y a todos sus familiares. Con cuidado, los llevaron hasta la superficie haciendo gala de su excelente servicio de transporte. Ya en tierra, los encerraron en vehículos y se perdieron en la noche. Y todo sin dar ninguna explicación.